Me propongo reiniciar la relación con mi grupo del Colegio Marroco, con el único objeto de mantener, de forma diferente, el vínculo que comenzó en 1978.

Actualmente, el personal y alumnos de entonces, son ahora cabeza de familias con hijos preocupados, como la mayoría, acerca de su formación.

En lo profesional, sigo con mi trabajo de investigación aplicada sobre educación, cambio, transformación, innovación y productividad. Por lo que me parece gratificante que ahora podamos compartir las experiencias obtenidas a lo largo de esta vida.

Pensando en voz alta, abriré este espacio, conversando acerca de la actualidad que percibo, la cual se sabe, es la que impone siempre las nuevas metas en el área de formación y desarrollo humano.

Una nueva era de transformación y crecimiento

Nos encontramos en la era donde la energía se convierte en un arma política.

De los problemas globales, teñidos por imprevistos, altibajos y asombro que ha ido alcanzado límites insospechados con la pandemia que vivimos durante el 2020.

También de soluciones nacionales, de la investigación y de la formación de personas sabias.

Nos tomó por sorpresa el surgimiento del Covid-19, introduciendo una crisis adicional con un cambio de dirección de la dinámica social global, que supone mucho más que una ruptura del momento.

Antes de la crisis del 2020

Antes de la pandemia que se originó en diciembre 2019 y se propagó por todo el mundo durante el 2020, nuestro reto era digerir los cambios tecnológicos que surgen cada día de forma abrumadora.

Se nos exigían más cambios de actitud en cuanto al patrón de interés, consumo y satisfacción. También vinculaciones nuevas entre tecnología y empleo, donde algunas personas saldrían beneficiadas y otras perjudicadas.

En esta realidad, debíamos preocuparnos por tener que trabajar en un empleo que, quizás, aún no existía. Pero aquí nos encontramos, todavía estamos descubriendo cómo adaptarnos.

De repente y sin aviso, la crisis nueva de salud altera nuestra economía y nos empuja a revisar el actual sistema geopolítico de globalización, por uno basado en la producción a escala mundial y en largas cadenas de abastecimientos.

Hacia un nuevo rumbo

Ahora el rumbo es otro, pero no necesariamente debería ser contrario. Solo debemos movernos a un modo de vida con menos interdependencia a las áreas sociales altamente sensibles como, salud, seguridad y educación.

En estos momentos, se suma la realidad en la que tenemos menos movilidad, para trasladarnos al mundo virtual.

Para acabar con el virus, ha sido imprescindible un cierre económico. Aunque con el profundo dilema de las graves repercusiones al detenerla.

Esta situación puede ser temporal, pero cuando acabe, nos enfrentaremos a un mundo en el que los gobiernos deberán repensar en una trama inteligente del mercado global y nacional.

Sí, es verdad, los líderes de los países deberán preocuparse más por el bienestar de su pueblo, pero sin el menoscabo de la autonomía personal.

De no hacerlo, en mi opinión, el resultado inesperado podría ser muy peligroso, puesto que los ciudadanos libres son el único control válido sobre las decisiones políticas de sus gobiernos. Aún cuando tengamos en este sistema, demasiados errores en la práctica.

Más libertad y un futuro menos vulnerable

Soy una febril defensora del aumento del nivel de vida, como fundamento de la sociedad. Con una economía de mercado anclada en la competencia y en la innovación tecnológica, que nos permite mejorar nuestro arte de saber vivir.

No conozco, en mi experiencia, otro modelo que ofrezca la prosperidad que esperará el individuo.

Al mismo tiempo, también estoy de acuerdo en construir economías y sociedades más duraderas y humanamente habitables. Sin olvidar que la población humana es demasiado numerosa para subsistir de forma local.

Lo único cierto es que, si en el futuro queremos ser menos vulnerables, tendremos que hacer cambios permanentes en nuestro modo de vida. Con más desarrollo de nuestra capacidad de adaptación, porque la vida sigue, aunque de forma diferente.

Transformación digital global

La tecnología nos ayudará a modificar nuestra rutina diaria en oficinas, colegios, universidades, consultas médicas y otros centros de trabajo.

También es posible que mucha gente migre a entornos de un mundo virtual en inacabable universo que es Internet.

Pero me parece que no podemos renunciar a nuestra condición humana que es amante del progreso, por lo que nos toca educación para una nueva formación que nos permita hacer limpieza mental, renovar muchas ideas y pensar cómo vivir en un mundo doblemente alterado.

¿Cómo reaccionar ante esta multitud de diferentes y nuevos ingredientes económico – sociales?

Hay que repensar la educación con contenidos más actualizados para la época y, sobre todo, en cuanto a:

  • La formación de la población humana a partir de ideologías preocupadas por el auto-gobierno del individuo y su responsabilidad con el entorno que lo rodea.
  • La necesidad de priorizar los valores como la seguridad y el sentido de pertenencia, al lado de la libertad y productividad
  • La importancia de destacar el desarrollo de actitudes y aptitudes comprometidas en beneficio propio y de los demás.
  • La redimensión permanente del conocimiento de estudio
  • El accountability de la organización educacional en la relación resultados-inversión.

Es el momento de concentrarse en los temas cruciales de la formación de estudiantes, en vez de aquellos otros laborales y sindicales que afectan a los profesionales de cada área.

Y que ni de lejos, tienen que ver con un interés en la calidad del género humano que se incorpora a la sociedad.